Retrato sentado de Dora Maar fechado en 1948 y elaborado por Irving Penn.

Dora Maar, 1948. Retrato de Irving Penn (Copyright The Irving Penn Foundation)

Durante demasiados años, Dora Maar ha sido para la historia canónica la “documentalista” del Gernica de Picasso, poco más que la amante del artista, quien la disuadió de continuar pintando. Sea cierto o no, Maar fue por si misma, una fotógrafa excepcional.

Inicios

Nacida en París en 1907, Dora Maar, cuyo nombre real era Henriette Theodora Markovitch, creció en un ambiente culturalmente rico. Aunque nació en París, pasó su infancia en Buenos Aires donde su padre, un arquitecto croata, trabajaba expatriado en un proyecto en ese momento. Desde pequeña sus padres fomentaron su interés por las artes. A la vuelta a Francia en 1926 estudió en la Union Centrale des Arts Décoratifs, la École de Photographie, la Académie Julian y el taller de André Lhote (donde conoció a Henri Cartier-Bresson y también entró en contacto con el cubismo y el surrealismo).

Retrato doble. ca1930.

La fotografía como medio de expresión

Aunque Maar había comenzado pintando, fue en la fotografía donde encontró su verdadera pasión y medio de expresión. A principios de la década de 1930, comenzó a experimentar con la fotografía surrealista, explorando temas como el inconsciente, los sueños y la realidad onírica.

Sus imágenes se caracterizan por su atmósfera enigmática y onírica, desafiando las convenciones de la fotografía tradicional.

Trabajó mucho el fotomontaje, tanto con imágenes ajenas, encontradas en mercadillos, como con remezclas de fotografías y negativos propios, algunos concebidos expresamente para el collage fotográfico final.

 

Etapa surrealista

La fotografía surrealista de Dora Maar se distingue por su enfoque innovador y su capacidad para evocar emociones y pensamientos profundos. Sus composiciones son audaces y experimentales, utilizando técnicas como el fotomontaje, la doble exposición y la manipulación del negativo. En sus obras, objetos cotidianos adquieren un significado nuevo y sorprendente, desafiando la lógica y la razón.

Una de las fotografías más emblemáticas de esta época es "Le Simulateur" (1936), un fotomontaje que muestra a un chico en una postura inexplicable, situado un pasaje de arquitecturas curvas indefinidas que lo mismo pudiera ser una mazmorra que un sistema de alcantarillado. Nos mira, sin embargo, a esta escala, no es fácil ver que Maar se le ha arrancado los ojos, cegándolo. Eso podría sugerir que pretende hacernos pensar que la visión interior constituye la realidad más profunda. Desde esa perspectiva, la imagen podría significar una forma de liberación más que de confinamiento, aunque eso no hace menos incómodo el ambiente opresivo ni las posibles revelaciones psíquicas.

Otra obra destacada de su etapa surrealista es "Retrato de Ubu" (1936), una fotografía que representa a un armadillo disecado con una expresión grotesca y amenazante. Esta imagen se ha interpretado como una representación del personaje de Ubu Roi, creado por el dramaturgo francés Alfred Jarry, un símbolo de la estupidez y la tiranía.

“Le Simulateur”, 1937

Fotografía de un armadillo disecado.

"Retrato de Ubu" (1936)

El encuentro con Picasso y el Guernica

En 1935, trabajando como fotógrafa durante el rodaje de la película de Jean Renoir “Le crime de Monsier Lange”, su amigo el poeta Paul Eluard le presentó a Pablo Picasso, que por esa época tenía 54 años y ya se había divorciado de su primera esposa, Olga Kokhlova. Iniciaron una relación sentimental que la influenciaría profundamente en el resto de su vida.

Durante 1937 Picasso recibió el encargo por parte del Gobierno de la República de pintar el Gernika, y Maar asistió y documentó el proceso de creación de la pintura, una de las obras más emblemáticas del siglo XX.

Las fotografías de Maar capturan el desarrollo del Guernica desde sus primeros bocetos hasta su culminación, revelando el proceso creativo de Picasso y la evolución de la obra a lo largo del tiempo. Estas imágenes no solo son testimonio histórico de la elaboración del Guernica, sino que también muestran la sensibilidad y el talento de Maar como fotógrafa.

El arte como refugio y expresión personal

Retrato de Cecil Beaton: Dora Maar detras de una de sus obras, en su estudio en Rue de Savoie 6. Paris 1944. Musée Picasso (Paris, France) © The Cecil Beaton Studio Archive at Sotheby’s

Tras su tumultuosa relación con Picasso, Dora Maar se refugió en el arte como una forma de expresión personal y de sanación. A pesar de los desafíos y las dificultades que enfrentó a lo largo de su vida, nunca abandonó su pasión por la creación artística.

A partir de mediados de los años cuarenta, pasa más tiempo en el entorno rural de Ménerbes, en el sur de Francia, donde compró una casa y se retiraba frecuentemente. Allí recuperó su confianza como pintora y desarrolló su propio estilo de paisajes abstractos. Sus obras, expuestas en toda Europa, se recibieron bien, con críticas muy positivas.

En 1980 Maar volvió a la fotografía. Sin embargo sus intereses habían cambiado y se centró en el trabajo de laboratorio más experimental, creando cientos de fotogramas y otras obras sin emplear la cámara.

En sus últimos años, se dedicó a la pintura y la poesía, encontrando en estas formas de expresión un camino para explorar sus emociones y reflexiones sobre la vida. Aunque su obra de esta época es menos conocida que su fotografía surrealista, revela su sensibilidad y su capacidad para reinventarse a sí misma. Murió el 16 de julio de 1997, a los 89 años de edad, en su casa de París.

 

El legado de una artista multifacética

Aunque es conocida principalmente por su fotografía, Dora Maar también incursionó en la pintura y la escultura. Sus obras en estos campos, aunque menos conocidas, revelan su versatilidad y su talento para expresarse a través de diferentes medios.

En pintura, Maar desarrolló un estilo propio, influenciado por el cubismo y el surrealismo, pero con un toque personal y distintivo. Sus cuadros se caracterizan por sus formas geométricas, sus colores vibrantes y sus temas oníricos.

En escultura, Maar trabajó con diferentes materiales, como el bronce y la cerámica, creando obras abstractas y figurativas. Sus esculturas se distinguen por su originalidad y su fuerza expresiva.

El redescubrimiento de una artista esencial

A pesar de su talento y su importante contribución al arte surrealista, Dora Maar fue a menudo eclipsada por la figura de Picasso. Afortunadamente esto está cambiando y en las últimas décadas, su obra ha comenzado a recibir el reconocimiento que merece.

Exposiciones y publicaciones han destacado su papel como una de las fotógrafas más importantes del siglo XX, y su trabajo ha sido revalorizado por críticos y estudiosos del arte y poco a poco deja de ser una desconocida para el gran público.

Hoy, Dora Maar es reconocida como una artista visionaria y una pionera de la fotografía surrealista. Su obra, caracterizada por su originalidad, su audacia y su profundidad emocional, sigue siendo relevante y cautivadora en la actualidad.

Para saber más:

La doctora y profesora de Historia del Arte Victoria Combalía tuvo el raro privilegio de poder conversar largamente con Dora Maar en 1994.

Como resultado de esas conversaciones, publicó esta estupenda biografía editada por Circe en 2013.

  • Combalia V. (2013) Dora Maar. Circe Ediciones. ISBN 9788477652922.

Portada del libro "En busca de Dora Maar"

La periodista Brigitte Benkemoun compró por casualidad en eBay un listín que contenía los números de los más grandes artistas de la mitad del siglo XX: Louis Aragon, André Breton, Georges Brassaï, Jean Cocteau… Después de unos meses, confirmó a quién había pertenecido y decidió con todo el material escribir una obra sobre Dora Maar, esa fascinante fotógrafa y pintora.  

  • Brigitte Benkemoun. 2022. ‘En busca de Dora Maar’. Editorial Taurus.

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