Ciudad: Barcelona
Provincia: Barcelona
Lugar: Centre Excursionista de Catalunya (Carrer del Paradís 10, 08002 Barcelona)
Horario: De lunes a jueves de 10.30 a 13.00 hy de 17.00 a 20.00 hy viernes de 10.30 a 13.00 h..
Web: cec.cat
La Asociación Artístico Arqueológica Barcelonesa (1877-1914) fue una institución paralela al Centro Excursionista de Cataluña, y en sus precedentes, la Asociación Catalanista de Excursiones Científicas y la Asociación Catalana de Excursiones, con las que compartía sede social, socios e intereses. Su fin era colaborar en la defensa, protección y restauración del patrimonio histórico artístico barcelonés a la vez que aceptar en donación objetos de valor artístico y arqueológico con el objetivo de crear un museo.
Su fondo fotográfico se compone aproximadamente de 1.200 fotografías, entre las que destacan un conjunto de fotografías sobre papel en la albúmina, realizadas en Japón en la década de 1880, montadas sobre fichas y encuadernadas en forma de sencillos álbumes, que son objeto de esta exposición.
A mediados del siglo XIX, en Japón, después de doscientos cincuenta años de estabilidad del gobierno de los Tokugawa, bajo una estricta política de aislamiento nacional que rechazaba casi todo contacto con Occidente y prácticamente imposibilitaba las influencias culturales foráneas, el país se enfrenta a la llegada de los occidentales. Este hecho marca profundamente la vida social, cultural, intelectual, política y económica del país, probablemente de forma más decisiva que en toda su historia.
A pesar de los limitados contactos que había establecido anteriormente Japón con Occidente, los que se producen en este nuevo escenario geopolítico tienen mayores repercusiones. Estos cambios no sólo afectan a la estructura política del país, sino que, principalmente, repercuten en el ámbito social y acaban por provocar la modernización del país a todos los niveles, entendiéndola como un proceso de occidentalización. Es en este contexto que en Japón llegan un conjunto de nuevas influencias intelectuales y tecnológicas, entre ellas la fotografía.
A partir de ese momento los extranjeros ya pueden comerciar y residir en Japón y comienza a desarrollarse la industria fotográfica. Varios fotógrafos extranjeros, con conocimientos técnicos y científicos, comienzan a establecerse y abrir los primeros estudios profesionales con finalidad comercial a la vez que en instruir gran parte de los fotógrafos locales.
En la década de 1870 la fotografía ya es un fenómeno relativamente común en todo el país y asume diversos usos y funciones sociales, culturales y comerciales que se mantendrán durante las siguientes décadas. El primer uso que se hace es el del retrato, y rápidamente se complementa con la fotografía construida de escenas costumbristas, mostrando un registro estereotipado de el antiguo Japón que ha desaparecido, pero que forma parte del imaginario occidental. Es, pues, Japón que los occidentales quieren ver.
No cabe duda de que, para la sociedad occidental, Japón puede ser un elemento exótico de primera magnitud. Su lejanía, su largo aislamiento y la poca, difusa y tergiversada información que se tiene del país son elementos clave para soñarle. Al igual que ya ha tomado la fotografía en Oriente Medio, India o China, cuando ésta llega a Japón también se siente atraída por encontrar elementos exóticos para elaborar un discurso. Pero cuando los occidentales llegan a Japón no llegan sin ningún referente, sin ninguna idea preconcebida, sino que llegan con una maraña de información sobre el país que esperan encontrarse.
La fotografía pretende describir la sociedad japonesa a través de sus costumbres y sus modos. Poco importa si esta representación es más o menos fidedigna, lo importante es que sirva como afirmación del preconcebido. Es así como se empieza a fotografiar una fantasía a la que se da apariencia de documento de lo cotidiano. Se graban las supuestas costumbres de Japón a través de los oficios tradicionales y de las diversas tipologías de sus habitantes. También se representa la vida diaria de los japoneses, su vivienda, su ocio, su transporte, a la vez que actos más privados como la higiene personal o incluso el sueño. A partir de estas premisas ya es fácil recrear Japón y su sociedad en el estudio.
Mediante la escenografía y los actores se puede mostrar un Japón que nunca se ha visto, que quizás nunca ha existido, pero que los clientes occidentales desean ver, incluso poseer. Estas imágenes pasan a tener un valor comercial considerable. Un gran número de estas imágenes coloreadas pasan a formar parte de todos los álbumes que se elaboran para la exportación. En ellos se incluyen estas imágenes y otras de paisajes y vistas, y no cabe duda de que el conjunto iconográfico sirve para una posible definición del país. Este producto destinado a la exportación, recrea, mitifica y realiza exótico Japón, a la vez que permite a los occidentales representar la imagen de un país soñado influido por el orientalismo. Así pues, es fácil entender cómo estas imágenes son objeto de deseo