Dobles y triples expos con un Lomochrome Color‘92 Sunkissed
Cámara: Canon EOS 5
Carrete: Lomochrome Color’92 Sunkissed
Las fotografías de esta serie las realicé con una cámara analógica Canon EOS 5 y un carrete de Lomography, específicamente el Lomochrome Color’92 Sunkissed. Este carrete es conocido por su capacidad para capturar colores vibrantes y con un tono cálido, proporcionando una estética única y versátil que varía según la luz en la que se dispare. Su sensibilidad (ISO 400) permite adaptarse bien a diferentes condiciones de iluminación, lo cual resultó clave en este momento por los cambios que teníamos constantemente de luz, entre sol y lluvia.
Las imágenes son dobles y triples exposiciones de mi pareja y yo. Elegimos el Real Jardín Botánico como escenario después de haber visto un concurso fotográfico de Lomography titulado "Capas de amor" y decidir participar en él. Sin embargo, no tenía demasiada confianza en el resultado final, ya que el clima era inestable: pasábamos de lluvia a sol en cuestión de minutos, lo que dificultaba la planificación de las fotos, y por otro lado la mayoría de plantas aún no habían florecido salvo magnolios y cerezos. Además, alternábamos el uno con el otro fotografiando, lo que implicaba diferencias de altura que podían afectar el encuadre (yo mido 1,60cm y él 1,90cm así que era curioso verme diciendo “agáchate más, más… ¡ahí! y guiarnos un poco a ciegas). Para contrarrestarlo, cuando era su turno de disparar, yo ajustaba los parámetros de velocidad y apertura tomando su posición como referencia y luego le entregaba la cámara en el mismo punto donde había encuadrado previamente.
Al principio, al recibir el carrete escaneado, me desanimé mucho porque las primeras dobles exposiciones no resultaron como esperaba. Sin embargo, conforme fui revisando el resto, me sorprendí al encontrar imágenes que me encantaban. No había preparado referencias de poses ni tenía ideas preconcebidas, sino que dejé que la inspiración surgiera en el momento. Cuando llegamos y mi novio me preguntó “¿Qué quieres hacer?”, mi cara fue un poema: ¿Por dónde empiezo? ¿Los ojos, la boca, las manos? (me di cuenta de que tengo algo de fijación con las manos porque suelo fotografiarlas mucho, por cierto). Capturamos detalles que nos llamaban la atención: una flor que destacaba, un invernadero de cactus, un sendero de piedra... No buscábamos imágenes empalagosas, sino capturar un amor sutil, etéreo y visualmente atractivo.
Una de mis imágenes favoritas es una triple exposición con nuestras caras y helechos, una idea de mi pareja. Aunque parece sencilla, conseguir que las dos caras encajaran perfectamente fue un desafío. Otra fotografía que me encanta es la de diminutas flores rosas sobre su rostro; es una imagen delicada que capturé mientras le acariciaba la mejilla.
Esta experiencia me enseñó que planificar cada detalle de una sesión puede ser contraproducente, ya que puede limitar la creatividad y la capacidad de adaptación ante imprevistos. A veces, dejarse llevar por el momento y aceptar la espontaneidad puede llevar a resultados inesperados y preciosos.